La llamada espiritual de Robert Reid

La historia de Robert Reid es la de un hombre que pasó de no tener nada, a pasar a tenerlo todo, para darse cuenta que no necesitaba ese todo, pero finalmente volver a tenerlo. Suena a trabalenguas pero es el mejor resumen de lo que aconteció durante la carrera deportiva de Robert Reid en la NBA.

Los orígenes sociales de una persona y, en particular, su entorno personal suelen influir de forma esencial en la manera en la que vive y desarrolla su vida. Esta frase sirve  para poder contextualizar la vida de cualquiera y, como no, de Robert Reid.

Se crio entre la disciplina militar de su padre que era un soldado del ejército estadounidense destinado en lugares como Tailandia y Grecia y la disciplina espiritual de su madre y de su abuela que tenían fuertes convicciones religiosas vinculadas con la Iglesia Petencostal.

Esa fórmula familiar, fuera por lo que fuera, no terminó de funcionar y los Reid se terminaron separando cuando ya estaban asentados en Schertz, una pequeña ciudad próxima a San Antonio en el Estado de Texas.

Allí se forjó el Robert Reid firme en sus condiciones personales y religiosas y el jugador de baloncesto que triunfo en el Instituto Samuel Clemens y posteriormente en la Universidad St. Mary’s  de Texas. A pesar de su gran juego en la Universidad, el hecho de estar en la NCAA II le relegó  en su posición de elección del Draft de 1977 hasta la posición 40 en la cual le eligieron los Houston Rockets.

Pronto su juego le hizo ganarse un hueco en la rotación de los Houston Rockets del MVP Moses Malone

Robert Reid 50

La evolución y mejora en el juego de Robert Reid le convirtieron en titular en los Rockets y en uno de los jóvenes más prometedores de la liga.

El joven humilde y devoto de la pequeña localidad de Schertz se había convertido en una pieza esencial de uno de los equipos que competían por el campeonato de la NBA.

Su valor deportivo se transformó también en valor económico y firmó un importante contrato de tres años con los Rockets por 950.000 dólares de la época.

En aquel momento Reid lo tenía todo, había pasado de un Thunderbird de 1977 a un Mercedes 450 SL, era guapo, elegante y las mujeres se peleaban por él, tenía compañías como Julius Erving o el propio Moses Malone.

Tenía todo lo que podía desear tener, incluso mucho más de lo que le permitía la fe y devoción religiosa que le había transmitido su madre y la abuela y que le presionaban para que volviera al camino de la rectitud que ellas le habían enseñado.

Tras cuatro años en la NBA Robert Reid junto con los Moses Malone, Calvin Murphy y Rudy Tomjanovich alcanzó las Finales de la NBA en 1982. Estaba en el momento más álgido de su carrera, siendo titular y disputando la Final frente a los Celtics de Larry Bird, al cual tenía que defender y lo hizo con gran éxito, pero la figura de Cedric Maxwell surgió para decantar la balanza a favor de los de Boston.

El nivel de presión deportivo y personal cada vez era mayor para Reid, ya que su novia estaba embarazada de 7 meses en aquel momento.

El hecho de no estar casado con su pareja Donna Bogley a punto de tener un hijo, hacía que su madre y su abuela le recordaran constantemente que se había alejado de la iglesia, de su fe y de la necesidad de que volviera al camino de Dios.

La presión pudo con Reid y empezó a buscar una salida de la dinámica de la vida en la que se había instalado.

Para ello y tras un aumento en su nivel de desafección hacia el juego, empezó a hablar con Ray Patterson, el General Manager de los Rockets, para dejar el baloncesto profesional y tomarse un tiempo.

Después de negociar su salida de la NBA, Robert Reid decidió poner rumbo hacia Miami donde le esperaba su madre Blondell Reid y su abuela Cora Cato para que reencontrar su camino hacia la fe de la Iglesia Pentecostal de las cuales eran firmes devotas y activistas, hasta el punto de haber erigido en Miami la Iglesia de la Primera liberación.

Robert Reid dejaba atrás los días de vino y rosas en la NBA, las fiestas nocturnas, los locales de moda, el lujo de su salario de estrella del baloncesto e incluso su corte de pelo ensortijado con laca a lo Lionel Richie.

Abandonó todo por un sentimiento de culpabilidad inducido por la teórica lejanía que el baloncesto le estaba llevando de su fe cristiana.

Al mudarse a Miami buscó un nuevo empleo y se puso a trabajar como Gerente de una tienda de ropa de barrio, pasando a ganar  de los 5.546 dólares semanales en la NBA, a los 223 de su nuevo empleo.

Tras varios robos en la tienda e incluso una vez ser apuntado por el cañón de un calibre 38, Robert Reid decidió cambiar de empleo a una planta de cemento, mientras que se preparaba para poder trabajar de bombero.

En aquella época conoció de primera mano lo que era trabajar 14 horas diarias y los esfuerzos y penurias que tenían que pasar gran parte de los trabajadores del país para llegar a final de mes.

Cuando estaba a punto de incorporarse al cuerpo de bomberos los Rockets volvieron a llamarle para que volviera a la NBA, ya que el equipo de Houston, tras la marcha de Moses Malone a los 76ers y la retirada de Reid, había pasado de ser aspirante al anillo a ser el peor de la NBA con un balance de 14 victorias por 68 derrotas.

Tras mucho meditar, Robert Reid entendió que el baloncesto más allá de ser un elemento perjudicial en su vida espiritual, era un don divino que le había dado Dios para que aprovechara las posibilidades que le había dado con sus 203 centímetros y su talento para el juego.

Su madre y su abuela le intentaron  de nuevo disuadir, pero esta vez la respuesta de él fue muy distinta:

“Esta es la vida de Robert Reid” y volvió a los Rockets en el inicio de la temporada 1983-1984.

Robert Reid 33

Aquel Robert Reid era un tanto diferente, había perdido su aspecto de moderno sofisticado y daba una imagen de hombre más sosegado. Curiosamente ya no pudo llevar el número 50 que llevaba antes porque ese dorsal lo había elegido el número 1 del Draft Ralph Sampson. Reid tomó el número 33, la edad de Jesucristo en su muerte y resurrección, ¿tendría algo que ver?

Volvió al juego con un rol de sexto hombre  a un equipo muy renovado con las incorporaciones de los número 1 y 3 del Draft de 1983, los rookies Ralph Sampson y Rodney McCray. De hecho, éste último fue el que asumió el rol de alero titular del equipo, en vez de Robert Reid.

En 1986 con los Rockets de las Torres gemelas de Sampson y Olajuwon, volvió a disputar otras Finales de la NBA. El rival de nuevo fueron los Celtics y su pareja de baile el MVP de la NBA… Larry Bird.

Reid volvió a jugar a un gran nivel siendo titular en todos los Playoffs y particularmente clave en las Finales de Conferencia frente a los Lakers, pero de nuevo se le volvió a escapar el Título ante los Boston Celtics que terminaron imponiéndose por cuatro a dos. Nunca volvió a disponer de otra oportunidad para ser Campeón de la NBA.

A partir de ahí Robert Reid y su fe continuaron su camino dentro de la NBA, mostrando que existe un mundo entre lo divino y lo estrictamente terrenal.

elgurudeldeporte.com

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